Los distribuidores de indio están nerviosos: ¿se convertirá este metal en el próximo candidato a las restricciones de exportación?

El conflicto entre China y EE. UU. por las materias primas críticas sigue agravándose. El indio, un metal que desempeña un papel clave en la inteligencia artificial, las comunicaciones y la defensa, está en el punto de mira.
Pekín endurece los controles
China controla alrededor del 70 % de la producción mundial de indio, y cada vez utiliza este poder de mercado de forma más selectiva. Desde febrero de 2025, el fosfuro de indio (InP) está sujeto a controles de exportación chinos; se trata de un material imprescindible para los chips fotónicos de alta velocidad que se usan en los centros de datos de IA. Ahora, por primera vez, se está preguntando a los importadores europeos por sus usuarios finales, mientras que los compradores norteamericanos informan de plazos de tramitación notablemente más largos. Aunque todavía no hay una normativa específica para el indio metálico, en el sector crece la preocupación de que el indio pueda ser el próximo candidato a los controles de exportación chinos.
El indio, en la encrucijada entre la IA y la defensa
El fosfuro de indio es la base de los chips fotónicos de alta velocidad, es decir, de los componentes que, en los modernos centros de datos de IA, mueven enormes cantidades de datos entre los procesadores. Pero la frontera entre la IA civil y la militar se está difuminando. Vigilancia por satélite, sistemas autónomos, análisis de enormes flujos de datos: las fuerzas armadas recurren precisamente a las mismas tecnologías que impulsan el auge de la IA civil. Por eso, el indio se sitúa en uno de los puntos clave más sensibles de toda la cadena de valor. Quien controle el acceso a este metal no solo dirigirá el desarrollo de potentes sistemas de IA, sino que, de forma indirecta, también controlará su potencia militar.
EE. UU. se adelanta; China pone el punto de mira en las cadenas de suministro
Washington ya se ha dado cuenta hace tiempo de la importancia estratégica de esto: la Agencia de Logística de Defensa está estudiando crear una reserva nacional de indio de 222 toneladas, lo que supone casi todo el consumo anual de EE. UU., que ronda las 250 toneladas. Al mismo tiempo, EE. UU. está impulsando sus propias cadenas de suministro para romper la dependencia de los productos intermedios y las fases de transformación chinas.
Estos esfuerzos están recibiendo ahora un impulso también a nivel internacional. A mediados de junio de 2026, el G7 acordó reducir de forma decidida su dependencia de determinados países proveedores. No se mencionó a China. Pero seguro que estaba claro a quién se refería el G7.
La respuesta de Pekín no se hizo esperar: sanciones contra MP Materials y USA Rare Earth, precisamente esos dos proyectos clave para un suministro de tierras raras e imanes independiente de China.
Si hasta ahora se trataba de materias primas concretas como el galio, el germanio o las tierras raras, ahora son las propias cadenas de suministro alternativas las que están en el punto de mira. El mensaje es inequívoco: quien quiera crear vías de suministro alternativas, tendrá que contar con represalias en el futuro.
¿Se avecina una nueva escasez en el mercado?
De momento no hay controles de exportación para el indio metálico en sí. Pero la mera posibilidad ya basta para poner nerviosos a los comerciantes y a la industria. El mercado es pequeño, la importancia estratégica es enorme… y, al mismo tiempo, EE. UU. está evaluando unas reservas que equivalen casi a todo su consumo anual. Una situación explosiva.
En octubre, Washington y Pekín volverán a reunirse para hablar de comercio y materias primas. El indio también podría estar en la agenda. El resultado es incierto.
Para Europa, esto plantea ya hoy una pregunta: ¿debería la UE plantearse también crear reservas estratégicas de indio?