La UE adopta la postura dura de Estados Unidos, pero China tiene las palancas más fuertes

Bruselas ha desbloqueado la bazuca comercial, y Pekín ha comprendido la amenaza. La UE quiere utilizar el instrumento contra la coacción para imponer más rápidamente en el futuro aranceles punitivos y contramedidas contra países como China. La reacción no se ha hecho esperar: un miembro de la delegación de la UE enviado recientemente a Pekín lo dijo en pocas palabras: «La parte china amenaza a la UE con una guerra comercial». No es sólo una frase diplomática. Una clara declaración política de guerra.
Esto plantea dos preguntas acuciantes: ¿Está Europa copiando la política arancelaria de Estados Unidos? ¿Y tiene siquiera las cartas adecuadas para jugar?
Un conflicto con un signo diferente
Hace sólo dos años, EEUU impuso a China aranceles punitivos masivos, en ocasiones incluso del 100% para los coches eléctricos. En aquel momento, Europa sufrió principalmente daños colaterales. El verdadero intercambio de golpes tuvo lugar entre Washington y Pekín. Europa miraba de reojo.
Esto podría cambiar ahora fundamentalmente. Por primera vez, la propia UE amenaza con convertirse en adversario directo de China y, por tanto, en protagonista de una espiral de escalada que hasta ahora sólo ha observado desde fuera.
La diferencia decisiva: EEUU lleva años trabajando para asegurar su suministro de materias primas, crear sus propias capacidades de procesamiento y acceder a materiales críticos en todo el mundo. Europa aún está al principio en muchas de estas áreas. En lo que respecta a las tierras raras, los imanes de alto rendimiento y los metales tecnológicos como el galio, la dependencia de China sigue siendo elevada y, por tanto, un objetivo importante.
¿Existe ahora una amenaza de escalada con Europa?
La cuestión central es: ¿se está desarrollando entre China y la UE una espiral similar a la que se produjo anteriormente entre China y EEUU, sólo que esta vez con Europa como objetivo?
Una fecha concreta merece especial atención: el 9 de octubre. Es cuando las restricciones chinas a la exportación volverán a estar a debate. Queda por ver si Pekín ampliará las medidas existentes, las mantendrá o se centrará en otras materias primas. Pero la dirección es reconocible.
Una ampliación sería especialmente dolorosa para la industria europea. A diferencia del conflicto con EEUU, esta vez China podría dirigir su influencia contra Europa. No es especulación que las tierras raras ligeras, como el óxido de neodimio o el óxido de praseodimio, también podrían ser objeto de un mayor escrutinio en el futuro. Los últimos años han demostrado lo rápido que las tensiones económicas pueden convertirse en una influencia geopolítica selectiva.
La dependencia no es una asociación
China está en el lado fuerte de la guerra comercial, aunque no sin restricciones. La economía nacional de Pekín se está debilitando, el mercado inmobiliario está en crisis y muchas industrias sufren un exceso de capacidad masivo. Las exportaciones son ahora más importantes que nunca para China.
Esta es precisamente la razón por la que la UE se ha vuelto más valiosa para Pekín. Mientras el mercado estadounidense se cierra cada vez más, Europa sigue siendo uno de los últimos grandes mercados de venta con verdadero poder adquisitivo. Sí, China necesita a Europa.
Pero la interdependencia no es un equilibrio. Europa depende de las materias primas, los imanes y los productos industriales primarios chinos, y Pekín tiene la oportunidad de utilizar precisamente estas dependencias como medio de presión. Éste es el núcleo de la asimetría: ambas partes se necesitan mutuamente. Pero China decide cuándo y cómo cerrar el grifo.
Conclusión: Las materias primas, no los aranceles, decidirán
Todavía no está claro si el actual debate arancelario escalará hasta convertirse en una verdadera guerra comercial. Pero una cosa es cierta: Europa está entrando en este conflicto desde una posición mucho más vulnerable que la que ha tenido nunca EEUU.
Si la escalada continúa, no serán los aranceles punitivos los que acaben siendo el instrumento de poder decisivo, sino las materias primas. Y quién las controla.